Investigadores principales: Fabrice Bensimon, Jeanne Moisand, Catherine Mayeur-Jaouen.

Miembros participantes: Jacques-Olivier Boudon, Isabelle Dasque, Eric Fournier, Dominique Kalifa, Guillaume Mazeau.

Los grandes intentos de historia global del siglo XIX coinciden en un punto, el del «crecimiento de las interdependencias» (Jürgen Osterhammel, Die Verwandlung der Welt, 2009), el del «estrechamiento» entre las sociedades (Christopher Bayly, La naissance du monde moderne, 2007), el de la intensificación de las conexiones a escala planetaria, el de la conciencia por parte de los contemporáneos de ese horizonte mundial. Esas convergencias fueron posibles gracias a la mayor facilidad para viajar, la intensificación de las migraciones, el incremento de la circulación de los impresos, la internacionalización de las prácticas sociales e intelectuales (congresos, exposiciones, internacionalismo obrero, erudito o filantrópico…), el auge de las peregrinaciones, la centralización política y las construcciones nacionales, las expansiones imperialistas y coloniales… Jürgen Osterhammel subraya la paradoja entre un siglo dominado por la globalización y una historiografía que, al mismo tiempo que estaba institucionalizándose y profesionalizándose, renunció a cuestionar dicho proceso y contribuyó a la afirmación de las nacionalidades y las naciones.

En términos generales, en muchas regiones del mundo los factores fundamentales de ese «estrechamiento» fueron probablemente la construcción de los Estados modernos, el aumento del número de funcionarios que buscaban una preparación adecuada, así como las transformaciones de la familia y la redefinición radical de los espacios públicos y privados: usos y costumbres nuevos que plantearon la cuestión del lugar de las mujeres en el espacio público, tanto en el mundo musulmán como en otros lugares… La prensa y la imprenta permitieron difundir por primera vez a semejante escala pautas cada vez más impersonales, al tiempo que reivindicaban que reformaban, precisamente, a los individuos. Los nuevos tipos de escuela y de educadores, la proliferación de las diversas posibilidades de formación y la aparición de autodidactas que se liberaron de la necesidad de recurrir a un maestro por medio de la imprenta y la prensa alimentaron las rupturas con las generaciones anteriores.

Esta propuesta de investigación tiene como objetivo analizar este «estrechamiento de las sociedades», la homogeneización de las prácticas y expectativas sociales y políticas y la difusión transnacional de conocimientos y referencias culturales desde un punto de vista local. Este proyecto se centra, pues, en las consecuencias concretas de las circulaciones tanto transnacionales como intranacionales. ¿Qué impacto tuvieron dichas circulaciones en las sociedades en las que persistía un orden social tradicional o, más bien, que era descrito como tal en beneficio de las transformaciones? ¿Estas transformaciones pudieron alentar, al contrario, la conservación de un orden antiguo? ¿Cómo surgieron y se difundieron las nuevas normas de comportamiento, de organización del trabajo, de prácticas religiosas y de concepciones de la ciudadanía? ¿Cómo fueron recibidas y reformuladas localmente? Así pues, examinaremos las conexiones externas de una situación u objeto estudiados en su contexto local.

Se seguirán tres direcciones clave:

Nuevas normas de civilización y educación

En el siglo XIX surgieron nuevas normas de civilización para las elites urbanas y, poco después, para la sociedad en su conjunto. En Oriente Medio o en la India, por ejemplo, fue especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando comenzó a emerger una codificación gradual de las costumbres que dio lugar a una norma inmutable —o que se creía que lo era—. ¿Qué papel jugaron los legados? ¿Cuándo se produjo el giro? ¿Cuáles fueron los factores decisivos? El «proceso de la civilización» descrito por Norbert Elias con respecto a Europa puede aplicarse de la misma forma al Oriente Medio atormentado por la modernidad. Esta cuestión del proceso de la civilización —implícita en la mayoría de los escritos sobre el Renacimiento árabe (Nahda) o el reformismo musulmán— merece ser considerada hoy en día de una manera totalmente diferente a lo que se habría hecho hasta hace algunos años, a la luz de las recientes investigaciones sobre la literatura, la educación, la enseñanza y las reformas jurídicas. Las investigaciones recientes reevalúan la efectiva formulación de una nueva urbanidad o norma de conducta por parte de la prensa y la imprenta, así como el papel de los Estados, las escuelas y, finalmente, los nacionalismos; dichas investigaciones también hacen hincapié en el mantenimiento evolutivo y dinámico de otras normas de conducta relacionados con otras fuentes, que sería inexacto considerar como remanentes o continuidades, ya que estas normas educativas evolucionaron según una periodización compleja y proteiforme. Los fenómenos de traducción, los encuentros, la correspondencia y la superposición de las diferentes normas de conducta se encuentran en el centro de esta redefinición de las normas de civilización que se puso en marcha en el siglo XIX en el «resto del mundo» que se contraponía a Europa, pero también en los cada vez más complejos y rápidos intercambios Sur-Sur.

La ideología de la civilización, por entonces sinónimo de progreso, preconizó rápidamente, a partir de la década de 1860, una etiqueta y unos buenos modales cuyo modelo venía dado por las cortes egipcia y otomana. Estos nuevos patrones de comportamiento también correspondían a una nueva cosmología, la cual no excluía ni reemplazaba las cosmologías más antiguas. Así, en una «discordancia de épocas» característica del siglo XIX, coexistieron diferentes normas de conducta y varias comprensiones del mundo. La creación de las llamadas escuelas modernas (por parte de los Estados, pero sobre todo por parte de los misioneros católicos y protestantes), el mantenimiento de los denominados métodos de enseñanza tradicionales, los cambios demográficos y familiares, la evolución de las concepciones educativas y, finalmente, la codificación (reanudada una y otra vez por los nuevos medios de un adab para los niños y los jóvenes, e incluso para las mujeres), todo esto podrá ser abordado a través del estudio de los sistemas educativos, sus libros de texto y su contenido pedagógico, así como a través de la historia de la familia en Oriente Medio.

Esta nueva configuración política, histórica y social tendía a excluir, al menos en apariencia, a componentes enteros de la cultura popular —aunque nunca había desaparecido— negando su historicidad distintiva, reduciéndola a una «tradición» retrógrada y en adelante condenada, que sobrevivía en los folclores nacionales. Para una buena parte de las élites —que, sin embargo, fueron formadas en el sistema tradicional, al que se mantuvieron en gran parte fieles al tiempo que pretendían rechazarlo— se trataba de centrarse en un proyecto hegemónico de modernidad al que debían apegarse las normas educativas tradicionales y su vocabulario. El siglo XIX fue la época de las traducciones, del creciente triunfo de lo escrito sobre lo oral y, a finales del siglo, de lo impreso sobre lo manuscrito. Poco a poco se produjo una síntesis innovadora y selectiva. Fue el principio del movimiento reformista que situaba las normas educativas en el centro de sus propuestas, de sus censuras y de su definición de una norma de conducta secularizada.

Tras un primer coloquio «Adab et modernité», celebrado en mayo de 2014 como parte de las actividades del CERMOM (INALCO) y con el apoyo del Instituto Universitario de Francia, podrán celebrarse coloquios sobre la circulación de los impresos y los textos, por un lado, y sobre la circulación de las normas educativas, por el otro.

Migraciones y circulación de las ideas políticas

En las últimas décadas, la historia política de la «era de las revoluciones» (entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX) se ha renovado considerablemente gracias a los diferentes enfoques transnacionales y, sobre todo, a la llamada historia atlántica. Los historiadores atlánticos suelen considerar que el primer siglo XIX constituye un periodo de disolución de los vínculos más fuertes entre África, Europa y América (como resultado especialmente de la abolición del comercio de esclavos en las colonias británicas, así como de las independencias americanas). Sin embargo, muchos factores incitan a que el trabajo historiográfico emprendido sobre la era de las revoluciones sea continuado más allá de la década de 1830: las migraciones, aunque cambiaron de espacios y de forma, se intensificaron, y la circulación de los bienes y las ideas se aceleró. En el Imperio otomano, este periodo que corresponde al comienzo de los Tanzimat se caracteriza, por el contrario, por el interés en las ideas políticas europeas y por su intento de traducirlas, a veces en la construcción de un ideal (los sansimonianos), a veces en la incomprensión, pero a menudo adaptándolas, intentando hacer coincidir el concepto político europeo y un concepto tradicional en la cultura árabe e islámica. ¿En qué medida la aceleración de las circulaciones humanas alentó la integración de las culturas políticas más allá de las fronteras nacionales, raciales, de clase y de género? La historiografía cada vez tiene más en cuenta la importancia de la emigración, incluso al escribir la historia de Europa stricto sensu [1]. Así pues, se busca continuar e intensificar la labor del Centro en este ámbito, la cual comenzó en 2011 con la línea de investigación «Circulaciones humanas y circulaciones políticas transimperiales en el siglo XIX» y estuvo marcada por la organización de dos coloquios internacionales (unas actas ya fueron publicadas y otras están en curso de publicación), la coordinación de un número especial de la Revue d’histoire du XIXe siècle y la reciente integración de dos miembros del Centro al proyecto AsilEuropeXIX financiado por la Agencia Nacional de la Investigación (ANR) y coordinado por Delphine Diaz (Universidad de Reims).

La perspectiva principal consiste en entrecruzar la historia de la migración y la historia política. La historia de la migración suele ser circunscrita a la historia social. En Francia, desde la obra de Gérard Noiriel, también ha sido fuertemente asociada a la historia del Estado. Sin embargo, rara vez lo es a la historia política, que está reservada a los asuntos nacionales o a ciertas categorías muy específicas de migrantes, como los exiliados. Sin embargo, diferenciar entre las migraciones políticas y las migraciones económicas no sólo es difícil, sino que a veces es incluso contraproducente. Al vincular la historia política y la historia de la migración (en su sentido más amplio), se trata de ver en qué medida los sujetos excluidos del espacio político del siglo XIX (las mujeres, los pobres, los indígenas, los desterrados y los presidiarios) resistieron a veces a dicha exclusión, y en qué medida su movilidad pudo o no haberlos ayudado a hacerlo. Parece igualmente importante concebir la historia política de la manera más amplia posible, incluyendo tanto la historia conceptual, la historia de las ideas políticas y la historia de las transferencias culturales, por una parte, como la historia de las representaciones, de las prácticas políticas y de las actitudes hacia el Estado del otro, por otra. El empleo conjunto de estos enfoques posibilitaría el que las circulaciones políticas no sean restringidas a las transferencias entre las élites y los eruditos.

También es cuestión de utilizar los métodos de la historia obrera transnacional para el siglo XIX. Durante los últimos veinte años, varios historiadores, en particular aquellos cercanos al Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam, han intentado sentar las bases de una historia obrera que no sea confinada a las fronteras de los Estados nación. Algunos estudios pioneros sobre la circulación de las técnicas (Headrick) en los espacios imperiales ya se habían llevado a cabo. Pero las investigaciones de la historia obrera transnacional se interesaron particularmente en la circulación de personas (trabajadores, militantes, dirigentes) y en la de las ideas, culturas, instituciones y movilizaciones ligadas a ellas: el movimiento por la jornada laboral de ocho horas, el Primero de Mayo, las internacionales obreras, etc. Estas problemáticas casi no han sido retomadas en Francia debido al bajo nivel de migración desde este país y al relativo aislamiento de las historiografías. Sin embargo, pueden ser valiosas, incluso para los especialistas de Francia, su imperio colonial y sus emigrantes, desde la «Sociale en Amérique» (Michel Cordillot) hasta los partidarios de la Comuna exiliados.

Además de los talleres y coloquios ya programados («Workers Migrations in XIXth Century Europe», taller propuesto por Fabrice Bensimon en la segunda European Labour History Network Conference, 2 a 4 de noviembre de 2017, París; «A la recherche des connexions perdues. Atelier d’histoire transnationale du XIXe siècle», taller propuesto por Fabrice Bensimon y Jeanne Moisand en diciembre de 2017, París, Centro de Historia del Siglo XIX; el coloquio internacional «Eloigner les étrangers: expulsions, relégations, déportations», 19 y 20 de enero de 2018 en colaboración con el proyecto AsilEuropeXIX de la ANR y el GEI de la Universidad de Reims, Colegio de España, París), este equipo de investigación pretende elaborar, bajo la dirección de Jeanne Moisand y Albert Garcia Balañà (UPF, Barcelona), un Dictionnaire Maitron du mouvement social espagnol (1840-1875), proyecto respaldado por los directores de los diccionarios Le Maitron (Claude Pennetier, Paul Boulland, CNRS).

Globalización del género, género de la globalización

Dos recientes publicaciones colectivas recuerdan hasta qué punto la historia de género constituye desde hace un tiempo un campo plenamente reconocido de la historiografía francesa [2]. A pesar de la naturaleza transnacional de sus problemáticas, dicha historia todavía se practica y se enseña a menudo a nivel de los Estados Nación, especialmente en lo que respecta al siglo XIX. No obstante, diversos trabajos deberían alentarnos a adoptar enfoques más atentos a la dimensión espacial y menos centrados en lo nacional/metropolitano. En Naissance du monde moderne, Christopher Bayly otorga a las prácticas corporales (bodily practices) un lugar central en su reflexión sobre la globalización en el siglo XIX. Mientras que algunas prácticas se homogeneizaron a nivel mundial (como el uso de trajes en el caso de los hombres), otras se convirtieron en portadoras de fuertes identidades nacionales (folclorización de la ropa «tradicional»). Esta dialéctica entre la uniformización y la diferenciación afecta profundamente los roles sexuales: mientras que lo masculino se globaliza, lo femenino parece ser el encargado de expresar la resistencia de lo local. Las historias del colonialismo con perspectiva de género se inspiran en esta misma línea de pensamiento cuando recuerdan hasta qué punto Europa, en su expansión imperial del siglo XIX, se sirvió de formas renovadas de dominación sexual: las cuestiones de género estaban omnipresentes en la «administración de la diferencia» que caracterizó a los nuevos imperios, y probablemente tuvieron repercusiones en las metrópolis [3]. La asociación entre el feminismo y las teorías de la globalización nos llevan, finalmente, a cuestionar los antecedentes de algunas aporías actuales. Saskia Sassen o Nancy Fraser, por ejemplo, revelan que, detrás de la celebración de la tecnología punta y de la creación de redes, hay «cadenas de cuidados» que también se despliegan a escala mundial: las mujeres blancas de medios/países favorecidos delegan a las mujeres de países dominados —tanto a las que emigran como a las que permanecen en sus países de origen— el trabajo de cuidados que ya no quieren o pueden hacer.

En el mundo musulmán, el comportamiento hacia las mujeres y el comportamiento de las mujeres se convirtieron en una de las cuestiones centrales del siglo XIX, planteada por los orientalistas y, poco después —por reflejo—, por los reformistas musulmanes y los nacionalistas. Todos los autores feministas árabes de la década de 1900 exigían una nueva definición de la norma de comportamiento para las mujeres y sus parejas o interlocutores masculinos, lo que en última instancia suponía la noción de pareja, y de pareja monógama, así como la noción de privacy, completamente ausente de la educación clásica. Al modelo anglosajón se añadía el modelo francés, transmitido por las escuelas de misiones: el arte de vivir en sociedad sabiendo conversar y el arte de sentarse correctamente o de comportarse en la mesa. Los autores turcos o árabes de fines del Imperio otomano eran plenamente conscientes de un proceso de civilización de las costumbres en el que se aprendía a utilizar los cubiertos o a sentarse en una sala, a vestirse de manera diferente (la vestimenta tanto del hombre como de la mujer fue objeto de un feroz debate en el periodo de entreguerras). En Egipto y en el Imperio otomano aparecieron manuales de buenos modales para los jóvenes, hombres y mujeres, con el fin de codificar las nuevas reglas de urbanidad y estar a la altura de Europa sin ruborizarse: hablar correctamente, sin maldiciones u obscenidades; saber comportarse en sociedad y en un salón; saber sostener un cuchillo y un tenedor; saber sentarse en un sillón; demostrar elegancia y rectitud moral (controlar su deseo sexual, hacer deporte y ser puntual). La cortesía tomó un cariz funcional y vinculado al éxito que se tenía en el mundo. Un pudor completamente victoriano cubrió los asuntos sexuales, que en adelante fueron eludidos o dejados por completo de lado —aun cuando la erotología había formado parte de la educación tradicional y de la cultura popular—. En esta promoción de una nueva norma de conducta encontramos el gusto por el orden, por los valores de la sociedad burguesa del siglo XIX, y la ignorancia o el rechazo a ver las relaciones sociales en su realidad (las realidades de los más pobres, de los campesinos, de los marginados).

El objetivo aquí es que se aproveche el enorme potencial del Centro en lo relativo a la historia de género, en particular por parte de los estudiantes de maestría y doctorado, para reflexionar sobre estas problemáticas. Unos talleres colectivos y periódicos podrían, por ejemplo, alentar a los investigadores que se identifiquen con los estudios de género a hacer comparaciones y estudiar la circulación de los comportamientos y las normas de género a escala mundial (con énfasis en los imperios estudiados en el Centro: Francia, España, Reino Unido, Brasil). Esto permitiría fomentar un enfoque transnacional entre los investigadores del grupo y crear redes con investigadores de universidades extranjeras que trabajen sobre ámbitos similares. Podrían analizarse varias dimensiones:

  • Migración (intra e internacional), género y cuidados.
  • Globalización y transformación de la familia.
  • Circulación de normas y prácticas corporales.

[1] Véase, por ejemplo, Richard J. Evans, The Pursuit of Power. Europe 1815-1914, Londres, Allen Lane, 2016.
[2] Christine Bard, Sylvie Chaperon, Dictionnaire des féministes. France XVIIIe-XXIe siècle, París, PUF, 2017; Juliette Rennes (ed.), Encyclopédie critique du genre, París, La Découverte, 2017.
[3] A. L. Stoler, E. Saada, A. Hugon, etc.